La crisis que hay actualmente no es tan sólo una crisis económica, sino que también una crisis social. El apoyo familiar, que ha sido el sostén de muchos ante los estragos de la crisis, empieza a flaquear.Este impacto es extensible a la mayoría de los países miembros, con las lógicas variaciones nacionales, y provoca una reducción del consumo en ocio, vestido y calzado, teléfono e internet, gastos indispensables como la luz o el agua y, por último, en la cesta de la compra.
Con el primer impacto de la crisis y la pérdida de empleo, los miembros de las unidades familiares buscaban en este núcleo compensar la falta de salario con las prestaciones públicas. Pero la incidencia del paro ha llegado a todos los miembros activos del hogar, tanto a los mayores como a los jóvenes, así como a la extinción de las prestaciones, lo cual ha "sobrecargado el papel protector de la familia". Las personas en cuyos hogares se trabaja entre dos y tres meses al año tienen una tasa de 60,4% de pobreza, el doble de lo registrado en el resto de la Unión Europea. La pobreza infantil (menores de 16 años) afecta a un 26,7% de nuestra población.
El aumento progresivo de las tasas de paro, junto
al desmantelamiento de importantes programas de apoyo social han supuesto un
aumento importante de las situaciones de vulnerabilidad y exclusión de un gran
número de colectivos que antes de la crisis se encontraban en integración. En la exclusión social confluyen siete
dimensiones diferentes (trabajo, educación, ingresos, vivienda, participación,
salud y relaciones socio-familiares). Además, se considera que la exclusión
social es dinámica, ya que es un proceso, en el que se pueden diferenciar tres
espacios sociales distintos (integración, vulnerabilidad y exclusión) en los
cuales se ubicaría cualquier individuo, en cada una de las siete dimensiones.
Otras de las consecuencias importantes de la crisis es el desempleo juvenil, que supera ya el 50%. Esto se produce debido a la pérdida de la inversión en educación, ya que muchos de los jóvenes ahora en paro terminarán trabajando en puestos inferiores a su nivel de formación (en España hay un exceso de universitarios, según esta entidad), la disminución de ingresos en la Seguridad Social, la reducción del consumo de los jóvenes o la disminución de la natalidad (el paro obliga a retrasar la trayectoria vital).
La solución para algunos será la emigración.
Aquí dejo un video interesante, que nos hace reflexionar sobre la última de mis consecuencias de la crisis social, la educación.
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